En este extraño periodo que estamos viviendo, propiciado por la aparición y permanencia del virus SARS-CoV-2 (COVID) es normal que nuestra salud mental, al igual que prácticamente todas las facetas de nuestra vida (económica, social, familiar…) se vea afectada.
Mucho tiene que ver la incertidumbre y el “no saber”; nuestra tolerancia a lo desconocido y a lo que no comprendemos es cada vez menor, pues la mayoría de veces estamos a un click en el buscador de Google para disipar, o por lo menos ver un poco más allá sobre cualquier tema, y así quedarnos más tranquilos. Si quiero ver qué alimentos me vienen bien para una dieta, si quiero saber qué pulsaciones son las normales realizando algún tipo de ejercicio, o qué conductas saludables debo de tener para minimizar un problema cardiovascular…es muy probable que, en 10 minutos ante tu ordenador, o en el móvil mientras estás en el autobús sean suficientes para darnos respuestas, no certezas, pero si respuestas más o menos extendidas que por su propio consenso están de una u otra manera parcialmente validadas.
Con el tema COVID todos hemos experimentado un poco el caos informativo y de recomendaciones que han ido surgiendo durante este tiempo, que es algo normal, pues como hemos mencionado anteriormente es algo nuevo con lo que no estábamos familiarizados ni existían vivencias próximas que nos den un punto de referencia.
Algunos meses después, y sin querer minimizar las nefastas consecuencias que ha tenido y está teniendo, es probable que nos pueda resultar gracioso o irónico el recorrido que hemos tenido: no se recomienda el uso de mascarillas, pero sí de guantes, posteriormente el uso de mascarillas se instaura obligatorio, y el uso de los guantes acaba por no recomendarse por su total ineficacia…son un par de ejemplos de todo lo que hemos visto pasar. Dónde quedará aquel tiempo en el que mi madre iba a comprar o a sacar al perro ataviada con una indumentaria propia de ir a Marte con una muestra de Ántrax en la maleta… Hemos visto cómo se fumigaban o “fuñigaban” las calles de los pueblos y las ciudades vacías por el confinamiento y posteriormente como se limpiaban las terrazas llenas de gente con un trapo y un “fufú”.
Que el lector no me malinterprete, esto no es ni una crítica política ni social, es solamente la exposición de unos hechos vividos desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, bueno, de un psicólogo de a pie.
Vivimos en un mundo tan estabilizado y tan aburrido, donde cada vez está menos presente lo desconocido, que muchas veces olvidamos la manera de aproximarnos a propuestas de soluciones más creativas, como por ejemplo el originario y validado “ensayo-error”. No siempre los empastes o las extracciones de muelas se han realizado con anestesia y bisturí, ni se nos sacaba sangre con una imperceptible aguja indolora, incolora e insípida…estos procesos se han realizado con martillo, alicates o cincel (aunque bien podríamos llamarlo mejor “Cincelón” o “Cincelostión”) así como también se contaba con la colaboración de las maravillosas y agraciadas sanguijuelas para los segundos casos.
Si hacemos un recorrido histórico de las prácticas médicas, podemos decir que aproximarse a los métodos más eficaces y a nuestras ansiadas y buscadas certezas es un proceso, una evolución y como tal tiene que actuar de la manera que lo está haciendo, se extienden en el tiempo la experimentación con métodos y herramientas para ver y evaluar qué puede ser utilizado con mejor resultado para finalmente acercarse a lo óptimo.
Ya centrándome en el título de este escrito, tenemos que hablar, en relación con lo expuesto anteriormente de la aceptación del proceso de vivir con el virus COVID, la tolerancia a la incertidumbre y nadar a corriente con la nueva normalidad, sin que nos den las olas en la cara, como nos está ocurriendo muy de vez en cuando.
Estos últimos meses la gente nos hemos visto más miedosos, más hipocondríacos, más ansiosos…tenemos algo de tos y la hemos liado… nos estamos mirando el ombligo 24/7, y mirarnos tanto nos está distrayendo mucho de no mirar hacia afuera, perdiéndonos así el mundo, nuestro mundo y las cosas que pasan en él. Nadie sabe cuánto va a durar esta situación, crucemos los dedos para que sea poco, pero tenemos que estar preparados para que se extienda en el tiempo algo más de lo que creemos, y estar bien, vivir y disfrutar, ya dure esto 3 meses que 2 años.
Durante el inicio de esta pandemia, en el confinamiento, desde nuestro despacho profesional de psicología realizamos un servicio de asesoramiento psicológico gratuito, contribuyendo un poco a la difícil situación que estábamos pasando, con el objetivo de intentar orientar y ayudar a personas que lo necesitaran.
Internet hizo su magia y en menos de un mes conseguimos casi dos mil “me gusta” en nuestra página, pudimos dar consejos y aportar nuestra visión a mucha gente, e intervenir de forma individual con más de 50 personas. La mayoría de situaciones problemáticas que presentaba las personas que nos contactaron algunas de ellas, en situaciones de gran malestar, eran ocasionadas por la falta de información veraz, y la poca tolerancia a la incertidumbre (…acabo de oír que la carga viral…trabajo en un supermercado y una persona se ha quitado la mascarilla…estoy operada de la rodilla, si me entra el virus puede que me afecte más…) La mayoría de preguntas que nos hacían estas personas solicitaban una respuesta que les diera alguna certeza, un “sí” o un “no” que les quitara algo de incertidumbre, algo que nosotros como profesionales no podíamos, ni podemos hacer, ya que excede nuestras competencias y que como personas también buscábamos.
Más de medio año después, prácticamente todas las personas con las que hemos retomado contacto, también las que estaban más afectadas, viven de una forma muy normal, conviven con el virus de una forma sana, muchos han pasado el virus, otros no…pero lo que comparten entre prácticamente todos es una “nueva normalidad” una nueva manera de vivir con el virus, una nueva manera, bastante sana y normal. Con algo de información y algo menos de incertidumbre han ido evolucionando con el virus COVID a la par que el proceso médico que todavía continúa.
También medio año después aquí seguimos, (incorporando la mascarilla en nuestras actividades cotidianas, cuando nos desplazamos, cuando estamos tomando algo con un grupo reducido de amigos en un bar, mientras fumamos un cigarrillo, aunque en estos últimos casos nos la bajemos…) asumiendo las normativas del momento como la retirada a nuestros hogares antes del toque de queda. Esta es nuestra normalidad, esto es lo que nos toca vivir y tenemos que poner de nuestra parte para que la experiencia de esta pandemia y este tiempo sea positiva, o por lo menos no tan negativa para los más pesimistas.
Lo primero y prioritario que tenemos que hacer todos, sin excepciones, es atender y poner en práctica las recomendaciones sanitarias que hacen los profesionales, que aunque hayan podido ser un poco cambiantes, no tenemos que olvidar que todo ha sido parte de este proceso de ensayo-error, en el que todavía estamos inmersos, esperemos que la semana que viene no recomienden ponerse los guantes en la cabeza… porque yo tengo mucha cabeza……ironía aparte, hay un montón de profesionales, buenos profesionales, los mejores, estudiando y ”ensayando” que es lo mejor que se puede hacer para controlar esta situación y qué medidas tenemos que adoptar para no infectarnos, o bajar el riesgo de infectarnos, esto nos va a resultar fácil porque además son de OBLIGADO CUMPLIMIENTO, así que aquí poco podemos hacer, solamente respetar la ley como personas cívicas que somos.
Aunque pensemos que podemos tenerlo todo bajo control, y realizar todo tipo de conductas para no infectarnos, como en infinidad de aspectos en nuestra vida, no es así, y tenemos que dejarnos llevar un poco, “aliarnos” con la situación para que no sea tan frustrante y agotadora…aprender a vivir con el virus. Ya sea nuestros convivientes, los productos que compramos, la gente que transita en nuestro pasillo o nuestro rellano, es muy difícil controlarlo todo, se puede intentar, pero es muy costoso y poco efectivo, perderemos en salud mental y perderemos también tiempo vital. Como hemos mencionado antes, ya hay muchos profesionales, personas más cualificadas que nosotros, trabajando y pensando en qué es lo mejor que se puede realizar, tengamos esto en cuenta, y sigamos viviendo acorde con lo recomendado, no nos encerremos en una burbuja de cristal oscura sin ver el sol. Es muy difícil controlarlo absolutamente todo.
Lo que sí que está en nuestra mano es aceptar este nuevo panorama, integrar las recomendaciones sanitarias que nos van viniendo, esperemos que cada vez sean menos y más claras, y flexibilizar un poco nuestra mente. Esto se puede traducir en llevar una vida algo más cauta y restringida en algunos aspectos puntuales, sin dejar a un lado todo aquello que nos gustan y nos hacen sentir bien, pues aceptando esta situación, no tenemos que posponer nuestra felicidad, a un supuesto futuro en el que todo vaya bien, tenemos que agarrar nuestra felicidad aquí y ahora. Tenemos que tener algo más de cuidado con nuestros mayores, tenemos que restringir algunos contactos que no sean del todo cercanos y habituales, pero sobre todo tenemos que hacer cosas que nos gusten. Se puede ver a la familia, se puede ver a los amigos, podemos hacer deporte, podemos disfrutar en compañía en prácticamente todo tipo de actividades…se puede vivir. Acostumbrarse a ese molesto invitado al que llaman el virus no va a ser fácil, pero podemos intentarlo. En muchas situaciones tenemos que tener ciertas precauciones, igual que hacemos cuando, por ejemplo, yo sé que en el momento que voy de cena con la familia y están mi cuñado y los padres de mi novia, no puedo hablar ni de política ni de toros, porque la que se puede liar será más que una pandemia, pero aun así puedo disfrutar de una bonita velada.
Bromas aparte, vamos a tener que convivir con un molesto invitado, sabiendo que está y tomando precauciones, tenemos que ir hacia delante.
Un saludo y mucho ánimo.
Juan López Pérez